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¿EXISTE EL ALMA?




Alguna vez te has detenido a preguntarte, en medio de la infinidad del tiempo cotidiano en que habitas: ¿Existe el Alma? ¿Tengo un Alma? ¿Y qué es aquello si existe?


Al detenerte y pensar en ello, te invito a que cierres los ojos, tomes una pausa para respirar profundo, y comiences a sentir y ver desde la intuición quién eres y cómo eres por dentro, qué es eso que habita dentro de tu cuerpo físico, que puedes sentir y ser consciente de ello.

Esa presencia, esa energía tan bonita que habitas, eres Tú, el Alma. Y cuando aprendes a respirar y habitar en ella, regresas a casa, te sientes de nuevo contigo, acompañado por ti mismo.


Pasamos tanto tiempo en la cabeza, en la mente y el raciocinio, que basta con detener el tiempo unos instantes y entrar en el mayor silencio posible, para verdaderamente escucharte, escuchar que estas vivo.


Recuerdo la primera vez que sentí con plena consciencia a mi Alma habitando en mi cuerpo físico. Fue en aquella regresión que mi comprensión de mí misma, de la vida y la existencia cambió por completo.


Una vez hipnotizada y llevada a una vida pasada que mi Alma eligiera, entré en ese cuerpo masculino, de un hombre joven, robusto y fuerte. Podía ver mis manos y mis brazos llenos de vello. Iba caminando hacia la entrada de un pueblo, sobre un camino de piedras redondeadas color grisaseo. Al fondo, se veía una aldea en medio de unas montañas, parecía un lugar pequeño, de unos pocos cientos de habitantes o menos. Lo primero que sentí fueron inmensas ganas de llorar, al verme siendo alguien más, pero que inmediatamente reconocía como yo mismo.


Lo que más me sorprendía era el deseo inmenso de ver a alguien que suponía estaría en ese lugar. Le pedí a mi hipnotista, con mi voz y mi tono un poco cambiado, desde esa otra personalidad masculina que vivía en tiempo presente, que quería ir a verla. Con mucha determinación, de forma compasiva y urgida, desde una inmensa nostalgia y con la esperanza bonita que quizás lo lograría, que quería verle. Aún no sabía quien era ella -desde mi personalidad actual- sólo sentía que quería llegar cuanto antes. Y así hicimos, la hipnotista me invitó a buscarle y llegar a ese hogar.


Cuando llegué al portal del que fue mi hogar en ese otro tiempo, me encontré con una casa agraciada y sencilla, una vivienda hecha de piedras, con algunos tejados en paja y madera, con cultivo y animales en el patio de atrás, una puerta de madera robusta, todo antiguo, digno y artesanal. Dos peldaños y al abrirla estaba ella, la que había sido mi mujer, mi esposa en esa vida. La inmensidad del amor que salía de mi Ser era imposible de ser inventado o fingido. Era el amor más grande que tenía en la vida. Su vestido azul, su hermoso delantal, su apariencia delicada y femenina, esa mujer cautivaba mi Esencia en esa vida. Lloraba de alegría al verla, abrazarla, reencontrarla nuevamente, bonita, luminosa, sencilla.  


Cuando comencé a realizar mis sesiones con los clientes, nos encontrábamos con lo mismo. La consciencia se traslada a otro tiempo, a otro lugar, y el sujeto comienza a experimentar sensaciones que se despiertan en todos sus sentidos físicos. El Alma se experimenta a sí misma en otro cuerpo y comienza a habitar esas memorias en tiempo presente, como si se estuviera en un videojuego con lentes 3D. La cantidad de detalles, los sabores, los olores, y los vínculos con los que se encuentran nos hablan una y otra vez, de cómo el Alma es una viajera inmortal a través del Universo, habitando una y otra identidad, lo que llamamos el Yo (o más bien Los Yoes), pasando en cada vida por lecciones y aprendizajes significativos para la evolución y desarrollo de su Espíritu.


¿Y qué es el Alma?


Para hablar del Alma, primero debemos hablar del Espíritu, el soplo de Vida, la Chispa Divina, el rayo de luz, la fuerza de vida, la energía creadora, que se mueve por y a través de tu existencia y de todo aquello que palpita en el Universo en que habitas.


Ese Espíritu, se reviste de una forma que llamamos la Esencia, cuya aroma, colores y tonos, toman unas características distintivas. Es como pasar ese rayo de luz a través de un prisma, y ver el arcoíris proyectado al otro lado, ese otro lado que llamamos Universo, donde habitamos los hombres y mujeres en cada vida.


Ese arcoíris eres Tú, y en su versión infinita, vida tras vida, es el Alma que te caracteriza. En cada vida esa Esencia toma unas cualidades, unos dones, unas formas, un temperamento y una ética, tiene sus propias características. Esas características son las que te identifican, más allá de todo lo mutable y cambiante que puedes ser y tener, ese brillo te identifica y te acompaña, a través del tiempo y el espacio, vida tras vida.


Una vez más, respira y siente tu Alma viva. Reconoce ahora con tus ojos abiertos, lo que es volver a tu centro, lo que es habitar en tu cuerpo desde el soplo que te da la vida. Siente, respira. ¡Bienvenido! ¡Aquí estás de nuevo!


Y te preguntarás - Y si estoy aquí de nuevo… ¿Para qué estoy aquí de nuevo? ¿Y por qué estoy aquí de nuevo?


Hablaremos entonces del propósito de la vida. Por ahora disfruta la apertura, y la libertad que se respira tan sólo reconociendo que tu Espíritu es eterno.

 

 

 

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